¿Cómo empezar a hablar de Eduardo Díaz? nació un 15 de Septiembre de 1937 y se marchó de este puto mundo un 23 de Enero del 2009. Datos y más datos bibliograficos. Si vemos bien y asi lo sabemos , no nos indica en plenitud, la naturaleza humana de la persona, son datos,oscuros, fríos, matemáticos. Sin embargo, creo que aquel dicho que reza: "uno muere cuando el último que lo recuerda , desaparece" es cierto, muy cierto, lo demas es letra muerta en enciclopedias y tomos polvorientos en bibliotecas dejadas de la mano de Dios. Aquí podría escribir acerca de sus padres, acerca de sus hijos, de su mujer, de sus dos mujeres, me olvide de Digna Poblete, porque , cómo olvidarme de Norma Monterrey, su mujer definitiva, su entrañable "pajarito", o su vida política cultural, acá también se podría escribir acerca de sus publicaciones, su estudio de la literaura nortina, sus "Mitos derrotados". PERO NO. Fue Digno escritor, equilibrado en el amor a su tierra desértica dejar patente la historia literaria de estos lares fue su orientación de vida, pero había una más fuerte, la formación de jóvenes valores a través talleres, en lo personal templo el ánimo y espíritu de una generación de la cual aún siguen en el quéhacer cultural, su grandeza fue transmitida , la solidaridad con las nuevas generaciones un vigor crítico ante la vida, la fuerza de una continua formación cultural, muchas cosas podría decir, cosas altisonantes, líricas, elocuentes, PERO NO. Fue un trabajador incansable , tenía sus lentes ópticos y su agudeza siempre a mano, crió más hijos de los que tuvo, la vida le fue entregando espiritus jovenes que buscaban una orientación, algunos, cobijo, otros...la cultura fue su norte, se adecuó a la modernidad del internet como pocos a su edad y le sacó provecho en diversos blogs , dando su valiosa opinión, acá podría escribir eso...PERO NO. Sin embargo, como todos tuvo sus defectos, sus pequeños vicios,sus inquinas, sus beriquetos, sus secretos, sus pecados y faltas, ante cualquiera que sea distinto a nosotros, encontraremos esto, criticable, execrable, publicable, cualquiera puede ver lo malo que cada uno de nosotros somos. Podría defenderlo como si fuera carne de mi carne y sangre de mi sangre.PERO NO. Sencillamente , debo decir, que el vacío que dejó su ida, a pesar de una dolencia que llevó tiempo, fue repentina. Aún quedan los resabios de mi descontento por su partida, aún quedan en el aire de mis memorias , sus palabras , su enseñanza , su formación, que cayó en tierras fértiles que cayó en tierras estériles, sin embargo, jamás se quedó sin sembrar, hoy , Eduardo, quisiera abrazarte como un hijo lo hace con su padre, pero no estás, te juro que hay veces que necesito escuchar tu voz, tu palabra certera, tu silencio meditabundo , tu entrecejo de hombre pensante, por último tu prescencia lejana pero constante, hoy eres cenizas de la misma clase que seré y seremos todos los que te conocimos y queremos, tu memoria estará intacta, en varios de nosotros, los caminos de nuestras vidas se apartarán paulatinamente de los tuyos, pero tu imagen y tu calidad humana trascenderá en nosotros...
Actualizado ( Sábado, 28 de Noviembre de 2009 23:03 )
ANTONIO RENDIC
Lunes, 09 de Noviembre de 2009 14:30
Por Sergio Gaytán M.
Si me diste la gracia de ser bueno
y el corazón dispuesto para amar,
transfórmame, Señor, para quererte
más allá de la vida y de la muerte…
Antonio Rendic Ivanovic, “Ivo Serge”, el “Médico de los Pobres”, el que junto a Andrés Sabella obtuvo la primera Ancla de Oro, distinción que por años distinguió a hombres notables de la ciudad, a aquellos, precisamente, “Antofagastinos que hicieron historia”.
Un santo varón. Un hombre bueno. Es decir, sano, útil, amable, que superó lo común, que tuvo la inclinación natural para hacer el bien.
Osvaldo Maya, en “Obras Escogidas”, lo define como “este singular “antofagastino” nacido en Yugoslavia, en Brac, la mayor de las islas Dálmatas, en el pequeño pueblo de San Juan, el 2 de diciembre de 1896”.
La isla de Brac, contiene puntos referenciales en su propia vida de niño: Yugoslavia, Brac, Sutivan y en general a las islas de Dalmacia, a las que cantó en recuerdo de sus antepasados. Dichos poemas los puede encontrar en su libro de 1969, “Pioneros y Emigrantes”, impreso en una de sus imprentas favoritas de Antofagasta: Imprenta Jama, pequeño volumen de sólo 32 páginas aunque la edición no dé cuenta del total de ellas.
Para él, Yugoslavia fue el “solar de mi niñez” y de ella rememoró que en su “ribera / que emerge de entre velos de alba bruma, / el viento es música…”.
“Brac, mi terruño, que al Edén imita”. “Sutivan: Patria mía, solar de mis mayores, / en un recodo de la mar, perdida, /eres trozo de Tierra Prometida… Nada, nada hay de ti que no recuerde. / Y al evocarte, el corazón se pierde / por los limpios senderos de mi infancia”.
“Islas de Dalmacia: Luciérnagas del mar”. Como se lee, hombre agradecido de la tierra y mar que lo vio nacer.
Luego Antofagasta, Copiapó y Santiago, para radicar definitivamente en nuestra ciudad.
Del valle de Copiapó, honró su flor más preciada, que a su vez transformó en libro, hacia 1964: “Añañucas”. Señaló:
“Es la flor del minero. Yo la admiro
porque humilde, entre piedras escondida,
sufre estoica los golpes de la vida
sin que el dolor le arranque ni un suspiro.
Apenas surge el sol, ¡cómo la miro
entreabrir su corola desteñida
y vibrar satisfecha, estremecida,
allá en la soledad de su retiro!
Y después, mientras rueda el claro día,
con qué fervor derrama su alegría
en el rojo bostezo de la tierra.
Hasta quedar, de noche, tal como una
sonrisa envuelta en resplandor de luna
sobre el gris ululante de la sierra”.
Antofagasta fue la tierra que lo acogió y entera se dio a ella. En 1937, con su “Himno a Antofagasta”, obtuvo el Premio Municipal. Fue cantado y orquestado. Después, nuestra propia indiferencia lo olvida: “Gloria a ti! Gloria a ti, Antofagasta, tierra de hombres de esfuerzo y vigor”, señalan sus dos primeros versos.
Actualizado ( Domingo, 22 de Noviembre de 2009 08:19 )
Lily Garafulic
Martes, 27 de Octubre de 2009 22:03
administrador
“Mis padres yugoslavos llegaron a Chile a principios del siglo veinte. De los nueve hermanos, sólo los cinco últimos nacimos aquí, yo en ANTOFAGASTA”.
Ésta es una de las confesiones que hace poco realizó la longeva escultora y Premio Nacional de Artes. Para nosotros, marca un signo de identidad, de reconocer el territorio que algún día la vio nacer. Hija de croatas, la escultora Lily Garafulic nació en nuestra ciudad, el 14 de mayo de 1914. Es la menor de nueve hermanos. Por algo inicia sus estudios en la escuela Yugoslavia. En 1919 llega a Santiago de Chile, donde ingresa al Liceo Nº 3 de niñas para terminar sus estudios escolares. En 1934 ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Tomó contacto con Brancusi, importante escultor que conoció en Europa en 1938. En 1944 fue becada a Nueva York donde continuó su formación en la New School of Social Research. Ese año es la Primera mujer en realizar una exposición individual de escultura en el Instituto Chileno-Británico de Chile. En 1946 crea los "16 Profetas", ubicados en la Basílica Lourdes en Santiago de Chile, una de sus obras más importantes. Al año siguiente, asume como profesora en la Universidad de Chile. En 1957, otra beca le permite ahondar sus conocimientos del mosaico, en Italia y el Medio Oriente. En 1959 es nombrada Presidenta del Comité Organizador del Tercer Congreso Regional de Artes Plásticas, patrocinado por las Naciones Unidas y la Universidad de Chile. La escultura nació en ella en plena juventud, aquella en que nuestros padres ponen el grito por, prácticamente, no considerarla una profesión, o que sólo muestra un riesgo enorme y que nos moriremos de hambre. Ella siguió adelante, con esfuerzo y trabajo, venciendo una y mil dificultades. La crítica chilena, reconoce en este rubro sólo a tres personas y resulta que las tres son mujeres: nuestra Lily, Rebeca Matte y Marta Colvin. Sin embargo, y lo sabemos que hay más. Los más nobles materiales los tomó, los transformó y les dio vida propia. Sacó desde ellos lo que ellos en su intimidad tenían. El grabado, que confiesa haber aprendido en Nueva York; la descomposición y luego la composición que entrega la hermosura del mosaico y que hace nacer, casi de manera paralela el vitral. La aparición del color la llevó a pintar. Pero eso no era lo suyo. Y descubre, en parte, en isla de Pascua, la madera con sus nudos y vetas; el bronce, la piedra (aunque nuestros geólogos digan que no existe, para ellos es roca) y el mármol, asoma con figuras humanas completas e incompletas, aquello que es arte. Becada y reconocida, esta mujer dio siempre pasos adelante, aunque los otros la atacaran, es de las que, en buena onda, ciertas cosas “deben entrar por un oreja y salir por la otra”. Quienes han tenido la oportunidad de alternar con ella, la describen como una mujer con ese humor propio de los artistas (ironías, mediante) y hoy, con noventa y cinco años a cuestas, lúcida, que siempre será lo más importante.